martes, 14 de febrero de 2012

PUERTA DE HIERRO | QUINTA 17 DE OCTUBRE

La quinta de Juan Domingo Perón.

El lote lo compró en 1964, cuando hacía apenas 4 años se encontraba en Madrid. La operación se realizó en 750 mil pesetas. Según diversas fuentes, levantar la casona le significó al General un desembolso de otros 2 millones y medio de pesetas. Isabel Perón, a nombre de quien figuraba la propiedad, vendió la mítica finca en 4 millones de dólares en diciembre de 1989.

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Perón junto a López Rega e Isabelita.

Perón exiliado en España desde 1960 compró un vasto terreno en la lujosa urbanización de Puerta de Hierro, en Madrid, ubicada cerca de la carretera del Pardo que lleva en pocos minutos al Palacio de la Zarzuela y a la residencia que ocupaba Francisco Franco. Allí se construyó la quinta "17 de octubre", en Navalmanzano, 5 (ahora 4-6), una vivienda confortable pero sobria al lado del esplendor de otros edificios vecinos. Pasó a la historia, (y a la leyenda) de Argentina como "la casa", o "Puerta de Hierro", como la llamó el peronismo. Esta fue la legendaria sede de múltiples cónclaves que, a medida que pasaba el tiempo y se consolidaba el poder de Perón y el peronismo, reunía a numerosos políticos, sindicalistas y diversos personajes acompañados de algunos periodistas.
Perón se levantaba a las cinco de la mañana en invierno, y a las siete en verano. "Como decíamos los militares, al ''pepe'' pero temprano", bromeaba, y después de unos mates amargos iniciaba un largo paseo por las bellas calles de Puerta de Hierro, bastante desiertas todavía hoy, que se convertían en "footing" y algunos ejercicios de sus viejos tiempos de boxeador. Cuando volvía, dos horas después, se entonaba con otros mates, y recibía a la siempre interminable lista de invitados. El almuerzo, y la cena, eran de una sencillez que también recordaban la vida militar. Un "bifecito vuelta y vuelta", ensalada, y fruta. De noche, Perón se preparaba un puré "amarillo" y esa escueta dieta sólo variaba con algunas tortillas y diversas verduras. De vez en cuando, Perón salía de noche a comerse un glorioso puchero madrileño, algún plato de pastas italianas, y después iba al cine o a presenciar algún combate de boxeo. Otros días, iba a comprar al centro de Madrid el diario italiano Corriere della Sera, y después recalaba en la confitería California a tomar un café.

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Así se veía la famosa puerta de hierro a principios de los setenta.

Hoy No están los jardines, donde Perón hacía largas caminatas acompañado de sus caniches, ni el escudo peronista tallado en la entrada. El único indicio que la historia se niega a borrar es el nombre de la calle: Navalmanzano 5 (hoy 4-6). Un paredón de cinco metros de alto desalienta cualquier expectativa de espira sobre la ligustrina.

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