jueves, 5 de noviembre de 2015

EL MONUMENTAL | PENSAR EN FUTURO

La obra que hace 80 años Aslan y Ezcurra ganaron por concurso evolucionó siempre con la intervención del mismo estudio. Supo ajustarse a los nuevos usos, mantiene su vigencia y puede seguir mejorando.

Hace 80 años, la Comisión Directiva de River decidió mudar sus instalaciones, compró un terreno en Nuñez y llamó a un concurso de anteproyectos. Para entonces José Aslan y Héctor Ezcurra llevaban dos años de recibidos y tenían 26 años. Ya habían construido casas (Juez Tedín 2767) y un edificio en altura (Av. Independencia 639). Y tomaron el desafío de proyectar un estadio de fútbol –tema en el cual la función lo es todo– y se pusieron a estudiar.

 

José Aslan viajó a Montevideo para conocer el estadio más moderno de la región: el Centenario, inaugurado para el Mundial de Uruguay en 1930, proyectado por el Juan Antonio Scasso y construido en solo seis meses. El viaje fue un éxito y volvió con el entusiasmo necesario para ganar el concurso.

El éxito del proyecto consistió en lograr que la Comisión Directiva del club se animara a salir de su barrio de origen y entendiera que el público llegaría de todos los barrios. Por eso compró un lote alejado, pero de dimensiones amplias, en el Norte de la ciudad.

En ese momento Núñez era un suburbio poco poblado, tal como aclara la memoria descriptiva: “La sola construcción del estadio es un hecho urbano de gran trascendencia para Buenos Aires. Será un centro de interés general en un lugar hasta ahora baldío y carente de toda atracción: nada hay en sus proximidades que haya llamado hacia esta zona a las grandes masas de los barrios más populares y populosos. Nunca grandes contingentes fueron atraídos desde la Boca, Chacarita, Flores...” El jurado del concurso estuvo integrado por profesionales de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, del Centro Argentino de Ingenieros y del propio Club: los arquitectos Héctor G. Peña, Ernesto Fava, Enrique Green y Antonio Ventafrida; y los ingenieros Alberto E. Chiappe, Luis. J B. Dellepianne y Carlos Duranti.

El programa era complejo porque combinaba funciones diversas: un estadio, un campo deportivo, un parque infantil con dependencias de una colonia de vacaciones y funciones sociales. Se eligieron tres finalistas y en la segunda vuelta resultaron ganadores los arquitectos José Aslan y Héctor Ezcurra, con la colaboración de los Ingenieros Agrónomos José Raul Neira y Martín Ezcurra.

El jurado valoró de un modo equilibrado la relación de todas estas funciones, un combo difícil de balancear. En su crítica, destaca el buen uso del lote disponible, resaltando la relación de los accesos con las circulaciones exteriores y la calle interna que bordea el estadio; el diseño del estadio, sus circulaciones y sus visuales; el uso del bajo tribuna, sin columnas intermedias, conseguido por el sistema de pórticos adoptados de 25 metros de luz, y el diseño de las tribunas (con tres tipos de escalones de distinta altura, dependiendo de las bandejas).

Con los años el estadio resultó una obra que supo resistir al paso del tiempo y los completamientos necesarios (se terminó definitivamente recién para el Mundial de 1978) y la planta de conjunto se ajustó muchas veces, acorde con los nuevos usos que el club requería.

Los arquitectos siguieron trabajando para el club en sucesivas encomiendas en los años 1937, con la dirección de la etapa inicial de la obra; y en 1958, con parte baja de la cuarta tribuna.

Desde 1966 ya formaban parte del estudio Jorge Aslan, Alejandro Madero y Lorenzo Gigli, quienes participaron desde entonces del resto de las etapas del club: en 1968 con las oficinas de administración; en 1972 con el alojamiento de jugadores; en 1976 con el proyecto para el estadio polideportivo cubierto; en 1977 con la concentración de jugadores y el completamiento para el Mundial 78; en 2000, con estacionamientos para 1200 autos y terrazas con canchas de tenis en cuatro niveles; en 2001, con los palcos en la Tribuna General Belgrano, dos niveles de 58 palcos y antepalcos equipados, 5 zonas de estar con bar y sanitarios, 17 cabinas y 5 filas de butacas con capacidad para 196 periodistas y zona de estar propia. En 2004 se agregó un canal de televisión en la tribuna Almirante Brown.

Lo que en principio se consideró un edificio racional que respondía correctamente a su función específica fue entendido luego como un claro ejemplo de arquitectura “moderna”.

Desde lo urbano, la reciente estación del Ferrocarril Belgrano Norte es una realidad que fue impulsada por la Comisión Directiva del club con 20.000 firmas que acompañaron esa iniciativa. El andén y la estación comparten el nombre de Ciudad Universitaria con el de Estadio Monumental.

En la década del 80 Aslan y Ezcurra generó una propuesta urbana de integración y generación de un Polo Deportivo con el Tiro Federal, que incluyó la transformación de las vías circulatorias y la adaptación para recibir el gran número de vehículos que llegan para cada partido. Pensar en un entorno acorde con el impacto de la cantidad de autos que llegan a cada partido es un tema pendiente, a pesar de que los estacionamientos cubiertos dentro del club aún pueden ampliar su capacidad.

El estadio fue perdiendo capacidad a medida que se fueron reduciendo las tribunas populares para transformarlas en plateas. La idea de avanzar sobre la pista de atletismo y modificar la altura de la cancha para conseguir crecer con las tribunas es materia de estudio. Por último, queda la posibilidad de techar las tribunas, una prestación que muchos de los grandes estadios del mundo ya poseen.

Todos estos son argumentos contundentes que impulsan a seguir trabajando en este estadio, que sigue dando la posibilidad de pensar en el futuro.

* Arquitecto

http://arq.clarin.com/urbano/estadio-River-pensar-futuro_0_1456654806.html