Las historias detrás de los nombres de los alfajores
Desde
homenajes a los ex dueños hasta la búsqueda de un toque más
internacional, todo vale a la hora de bautizar a las golosinas
preferidas de los argentinos
Hace
unas semanas se conoció la noticia de que José Antonio Fernández, el
presidente de Alfajores Jorgito, había fallecido, a los 85 años.
Fernández, junto con su socio Amador Saavedra, había fundado la empresa
hacía más de medio siglo, pero no fue el que le puso el "nombre del
alfajor".
El
Jorgito que dio origen a la marca de alfajores en realidad era el hijo
del dueño de una pequeña fábrica que producía bizcochuelos y alfajores
para panaderías. A fines de los 50, la planta fue adquirida por
Fernández y Saavedra, que antes que elegir un nombre nuevo decidieron
conservar la marca y relanzar el alfajor apuntando a insertar el
producto en los quioscos de las escuelas.
En épocas en que el
marketing era una palabra desconocida para los empresarios argentinos,
la elección de una marca era un proceso completamente intuitivo, en el
que las decisiones las tomaba un dueño al que ni se le cruzaba por la
cabeza la idea de contratar a un tercero para que lo ayudara a definir
cuál era el nombre más conveniente según el
targetal que
apuntaba. Este carácter artesanal, sin embargo, no fue un obstáculo para
que marcas de alfajores, galletitas o golosinas que nacieron para
conquistar a los niños argentinos de hace 50 o 60 años hoy continúen
vigentes y resistan sin problemas la invasión de productos
multinacionales.
La
pelea no es por un mercado menor. En la Argentina se consumen 900
millones de alfajores anuales -lo que significa que cada argentino en
promedio se come 20 alfajores al año-, con una facturación superior a $
8000 millones anuales.
La historia de Jorgito tiene más de un
punto de contacto con la de Fantoche, otra marca histórica del mundo
alfajorero. "Los alfajores Fantoche empezaron a ser elaborados por una
panadería en el barrio de Lugano fundada por unos inmigrantes que
trajeron la receta y el nombre desde Italia. A principios de la década
del 60, la confitería y todas sus marcas fueron adquiridas por los
actuales dueños de Fantoche, y lo que hicieron fue sumarle el concepto
de alfajor triple Fantoche, y hoy la palabra triple es una marca
registrada de la compañía", aseguró Claudio Messina, gerente de
marketing de Fantoche.
Mucho
menos se sabe sobre los orígenes de los alfajores Capitán del Espacio.
La marca nació en Quilmes en la década del 60, y a su dueño (Ángel Lineo
de Pascalis, fallecido en 2012) nunca le interesó hacer publicidad ni
mucho menos contar la historia del nombre. La falta de información
alimentó un montón de versiones. Una era que la marca era un homenaje a
la canción "El anillo del capitán Beto", del grupo Invisible. Otra era
que el nombre estaba inspirado en el astronauta Neil Armstrong, teoría
que se veía reforzada por el hecho de que el logo del alfajor era un
niño astronauta. Sin embargo, tanto la canción de Luis Alberto Spinetta
-que data de 1976- como la llegada del hombre a la Luna (1969) son
posteriores al nacimiento de los alfajores quilmeños.
Para todos los gustos
Seguramente
haya pocas marcas argentinas tan internacionalizadas como Havanna. Sin
embargo, el nombre tiene un origen muy poco autóctono. La marca nació en
1947 en la ciudad de Mar del Plata, y dos de sus socios originales
-Luis Sbaraglini y Benjamín Sisterna- también eran dueños de una
confitería bailable de la ciudad balnearia que funcionaba con el nombre
de Confitería Show Havanna, una adaptación (con una "n" más) de la
traducción al inglés de la capital cubana.
Otra marca que compite
en el segmento más alto es Successo, que a pesar de llevar ese nombre no
fue fundada por inmigrantes italianos, sino por gente de "la cole" que
puso un pie en la industria elaborando alimentos
kosher. "En los
90 yo estaba trabajando en una importadora de alimentos en Brasil y ahí
incorporé la muletilla de que todo lo bueno era un «suceso». Por eso
cuando unos años después empezamos con el proyecto de los alfajores y
teníamos que definir el nombre se nos ocurrió aggiornar la palabra
«successo» aprovechando que funciona muy bien en otros idiomas, como el
italiano, el portugués o el mismo inglés, si se saca la o, y a la vez se
asocia con la gastronomía italiana, que siempre tuvo muy buena imagen
en el país", explicó Claudio Yabra, uno de los socios de Successo.
Los
alfajores premium también saben de historias misteriosas. En Internet
circulan un montón de leyendas acerca del origen de la marca Cachafaz,
los alfajores que en los últimos años se convirtieron en el principal
rival de Havanna. Una de las más difundidas es la que asegura que el
nombre es un homenaje al bailarín de tango Benito Bianquet, alias El
Cachafaz. Bianquet se hizo famoso por ser uno de los principales
bailarines en la era de oro del tango y como compañero de correrías de
Carlos Gardel. Además, murió en 1942 en la ciudad de Mar del Plata, la
patria chica de los Havanna. El nombre de los alfajores porteños, no
obstante, está muy lejos de ser un homenaje al bailarín del tango, y en
el barrio de Liniers, donde nació la marca, aseguran que Cachafaz era el
apodo con el que todos conocían a uno de los hermanos Alcaraz, los
dueños y fundadores de la firma.
Al igual que en los casos de
Jorgito o Cachafaz, otros productos clásicos de los quioscos tienen una
historia familiar detrás de sus nombres. La oblea Tita fue creada por
Edelmiro Carlos Rhodesia en 1949 y bautizada en honor de Lidia Martínez
de Terrabusi, una viuda que unos años antes se había convertido en su
esposa. Diez años después -con Rhodesia ya fallecido-, Lidia Martínez
decidió vender la empresa a un primo de su ex marido, José Félix
Terrabusi, que en la década del 70 lanzó la oblea Rhodesia en homenaje
al creador de Tita. Edelmiro Rhodesia y Lidia Martínez, además, tuvieron
una única hija, Melba, que también fue el nombre elegido para crear su
línea de galletitas de chocolate.
El nombre del fundador también
está detrás de otras golosinas. DRF nació hace 101 años de la mano del
emprendedor Darío Rodríguez de la Fuente, que eligió las siglas de su
nombre y apellido para bautizar a las pastillas de menta. De la misma
época datan las galletitas Ópera, que nacieron junto con el Teatro Colón
-inaugurado en 1908- y de ahí tomaron su nombre tan musical.
Mucho menos
glamourosa
es la historia detrás de la gaseosa La Bichy Ahora, la segunda marca de
la embotelladora Manaos. "Teníamos la distribución de la gaseosa Beach
(playa en inglés), pero en todos los almacenes y los supermercados
chinos donde hacíamos la entrega nos la pedían con el nombre de la
Bichy, con lo que se convirtió en una marca que prácticamente se terminó
imponiendo por sí sola", explicaron en la embotelladora en el oeste del
Gran Buenos Aires, dejando en claro que al menos en este caso no hay
nada mejor que escuchar al cliente.
Un fenómeno de consumo nacional
20 Son los alfajores que en promedio come cada argentino todos los años